lunes, 3 de octubre de 2011

'No habr� paz para los malvados', dejad sitio a Urbizu, insensatos

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Voy al cine en muy buena compa��a a ver ‘No habr� paz para los malvados’ (Enrique Urbizu, 2011) y transcurridos quince minutos de proyecci�n uno tiene la sensaci�n de que est� asistiendo a algo grande. No es un enga�o, ni una de esas falsas apreciaciones que a veces suelen darse, motivados m�s bien por la mediocridad reinante en la cartelera, en las que se suelen valorar por encima productos que sobresalen poco m�s del resto. La proyecci�n sigue y la sensaci�n no se va en ning�n momento, al contrario, aumenta seg�n pasan los densos minutos de este drama polic�aco, y cuando uno termina de verla no termina de cre�rselo. D�as despu�s sigue metida en nuestro cerebro, al menos en el m�o, que ya est� muy perturbado, y no puedo dejar de coincidir con mi compa�ero Adri�n Massanet al considerar la pel�cula como un maldito milagro.

Puede que a muchos les parezca excesivo tal adjetivo, con el que encumbramos la pel�cula hacia lo m�s alto, que nos dejamos llevar por la emoci�n. Pero si un director como Enrique Urbizu pone todo su conocimiento y pasi�n en un film, en el que queda muy patente no s�lo su buen hacer como director de cine y guionista, sino tambi�n el sentimiento que ha puesto en ello, su coraz�n, su alma, si se quiere decir as�, �por qu� no vamos a mostrar la misma emoci�n a la hora de escribir o hablar sobre la pel�cula? As� pues empezar� por lo que tendr�a que haber sido la conclusi�n o la frase final de mi texto: ‘No habr� paz para los malvados’ es una pel�cula magistral, la mejor de la filmograf�a de Urbizu, una de las mejores del reciente cine espa�ol, y para el que suscribe una de las mejores cintas del a�o, sino la mejor. El viaje que nos propone Urbizu es desolador, y golpea con dolorosa verdad en nuestras retinas.

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El comienzo de ‘No habr� paz para los malvados’ ya deja muy claro lo que vamos a ver, y c�mo ser�n las cosas. Sin ning�n tipo de concesi�n, y con una precisi�n admirables, Urbizu enseguida nos dice que lo que va a pasar por delante de nuestros ojos no es una historia amable que nos cuenta lo bonita que es la vida, ni est� llena de personajes bondadosos, ni vamos a poner cara de felicidad en su final, sino precisamente todo lo contrario. La vida es una putada, un continuo dolor que muchos han encontrado la forma de ignorarlo, no enfrent�ndose a �l para no tener que comprobar que todo es una mierda. Pero para personajes como Santos Trinidad ese truco no es v�lido, su maldici�n consiste en haber conocido lo bueno de la vida y sobre todo, lo malo, que el mal est� a la vuelta de la esquina, y que para enfrentarse a �l hay que descender a los infiernos sin billete de vuelta.

Con un equilibrio �tico/est�tico realmente envidiable ?atenci�n a esos travellings laterales de derecha a izquierda y viceversa, o esa forma de no cortar el plano en determinadas acciones, como cuando Santos registra una habitaci�n?, y una capacidad de s�ntesis realmente arrolladora ?de nuevo, menos es m�s, formas heredadas del cine negro de los 50/60?, Urbizu nos habla de Santos Trinidad, uno de esos personajes que por s� solos ya justifican la existencia de una pel�cula. Un inspector de polic�a mal hablado y de mal aspecto, destinado a desapariciones en la ciudad de Madrid, que en una de sus noches de borrachera mata a tres personas, el encargado de un club de alterne, uno de sus secuaces y una prostituta, hecho que desembocar� en una trama donde nada es lo que parece; de un caso de drogas se pasar� a algo mucho m�s peligroso, y que va en consonancia con el maravilloso y certero t�tulo que le han puesto a la pel�cula.

Urbizu alcanza su primera cumbre como cineasta con un estilo totalmente depurado, y que no niega varias influencias. De las m�s recientes, me viene a la cabeza Michael Mann, ese que algunos dicen que no es un buen narrador; de �l parece recoger esa forma de retratar la noche, esa cara oculta de la gran ciudad, y que salvando las distancias nos lleva hasta el realismo de Jules Dassin en sus mejores cintas enmarcadas dentro del Film Noir. Lo descarnado de su puesta en escena me recuerda a Phil Karlson o Samuel Fuller, y la precisi�n del montaje a Don Siegel. Todos nombres de oro dentro del cine negro, y entre los que Urbizu termina code�ndose, filmando un thriller �spero, con ciertos ecos del polar franc�s, seco y violento, tal y como hac�an todos los citados. El uso de la violencia es ejemplar, alejada totalmente de los efectismos del cine actual; su impacto es tan fuerte como lo eran las pel�culas de Sam Peckinpah, y est� tan controlada, que su irrupci�n en el relato, ya de por s� violento aunque no de forma expl�cita, es tan inesperada como contundente. En ‘No habr� paz para los malvados’ somos capaces de sentir los disparos.

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El tan criticado cine patrio tiene en esta pel�cula la fuerza necesaria para callar bocas. Si bien muchas veces, cuando queremos hacer cine de g�nero, que deber�amos producir m�s este tipo de cine, se suele caer en errores de casting impresionantes, en esta maravilla de Urbizu, todos los actores est�n muy cre�bles, muy convincentes. Nos creemos cada polic�a, cada delincuente, a la jueza ?impagable la forma de diferenciar a la madre/esposa de la profesional?, a padres desencantados por la marcha de su hija con un fundamentalista, a los terroristas, y sobre todo a Santos Trinidad, un bicho de mal ag�ero que busca salvar su culo y termina siendo un h�roe. Jos� Coronado se desviste de su elegante imagen y compone un personaje tan rico en matices como la propia pel�cula, cuya estructura es todo un ejemplo de dosificaci�n de informaci�n. Jam�s decae el inter�s.

‘No habr� paz para los malvados’ no explica todos sus elementos con pelos y se�ales. Con gran inteligencia Urbizu deja algunas cosas a la imaginaci�n del espectador, pero sin necesidad de irse por las ramas. Por ejemplo, el pasado de Santos es intuido, sabemos que fue un buen polic�a y que en alg�n momento su vida se torci�; ciertos personajes secundarios dan m�s informaci�n con gestos y miradas que con toda una explicaci�n verbal. Y ese final es, simple y llanamente, ejemplar. Primero por cerrar el c�rculo con el personaje de Santos, y esa pistola acariciada con dos dedos, se�al de identidad, de vida y muerte; y a continuaci�n una serie de encadenados nos desvela que el miedo sigue entre nosotros, que la maldad jam�s ser� erradicada, que la violencia s�lo puede abatirse con violencia ?gran y jodida verdad?, que la inocencia y la ignorancia son tan peligrosas como el mal en s�. Urbizu no parece sentir simpat�a por nadie. El viaje de terror de Santos as� lo atestigua. Todos somos, en mayor o menor medida, culpables. Todos somos malos, lo que nos diferencia de Santos es que �l es consciente de ello.



Source: http://www.blogdecine.com/cine-espanol/no-habra-paz-para-los-malvados-dejad-sitio-a-urbizu-insensatos

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