martes, 2 de agosto de 2011

'Quills', una obra m�s que notable

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“Es una ficci�n, no un tratado de moral” – Marqu�s de Sade

No es sorprendente que muchos aficionados no conozcan ni de o�das el nombre y la figura cinematogr�fica de Philip Kaufman. Otros, como mucho, lo asociar�n a unas pocas pel�culas como la estimable ‘La invasi�n de los ultracuerpos’ (‘Invasion of the Body Snatchers’, 1978). No es sorprendente, porque nunca se ha tratado de un director destacado. Quiz� algunos s� sepan que escribi� la historia de ‘En busca del arca perdida’ (‘Raiders at the Lost Ark’, 1981) o el gui�n de ‘El fuera de la ley’ (‘The Outlaw Josey Wales’, 1976), o que fue de los pocos que acercaron al cine las figuras literarias de Henry Miller (en la piel de Fred Ward) o Anais N�n (Mar�a de Medeiros) en ‘Henry & June’ (�d, 1990). Pero esto del cine, como hemos dicho algunas veces, es bastante extra�o y sorprendente, y un buen d�a del a�o 2000 llega Philip Kaufman y dirige una pel�cula formidable, basada en una obra de teatro hom�nima, y se convierte en un director de gran talento. Nada est� escrito de antemano en el arte. Aunque quiz� s�, en el caso de algunos tipos �nicos como Donatien Alphonse Fran�ois de Sade.

Cuando uno se plantea, imagino, una versi�n cinematogr�fica de alg�n pasaje de la vida de Sade (supongo que nunca existir� un cineasta tan suicida como para intentar narrar toda su vida de un tir�n…excepto a lo mejor en una serie) es f�cil caer en la tentaci�n de retratar los aspectos m�s superficiales y exagerados de su personalidad, lo que convertir�a su procacidad, su rebeld�a, su genio an�rquico y �crata, en un mero juego de provocaciones visuales y en los di�logos. Sin embargo, muy al contrario, Kaufman se decanta por un tratamiento mucho m�s interesante de la figura sadiana, repudia casi todo lo s�dico, no se da facilidades a s� mismo, y se lanza a una aventura psicol�gica y an�mica m�s que notable, que no es tan f�cil de ver (al menos, en sus resortes m�s invisibles) como parece en un principio, y que, al fin y a la postre, es un sagaz y feroz retrato de la condici�n humana. La soledad, la conexi�n emocional, la libertad de expresi�n, el deseo sexual, el abuso de poder, la lucha contra la opresi�n. Todo eso y una fiera galer�a de personajes. Casi nada.

Kaufman y su magn�fico equipo pudieron rodar en algunos de los parajes m�s bellos, y al mismo tiempo m�s on�ricos e inquietantes, de toda Inglaterra, mientras se reconstruy� la legendaria c�rcel de Charenton, gracias al esfuerzo escenogr�fico de Martin Childs. La c�rcel, todos sus vericuetos, sus miles de detalles, sus claroscuros, su plasticidad, son un personaje m�s de la pel�cula, y de tantas secuencias, y tan intensas, que vamos a vivir en ella, terminaremos consider�ndola casi una parte de nuestro cuerpo, como si su luz y su degradada paleta de colores fueran al mismo tiempo expresi�n de los sentimientos y anhelos de los que all� habitan. Por su parte, Jacqueline West (por cierto, dise�adora de vestuario de las tres �ltimas pel�culas de Terrence Malick), crea unos vestidos y unos trajes de una originalidad, una fuerza expresiva y un sentido decadente que es imposible no caer enamorado de su talento. Son dos baluartes en los que Kaufman sostiene su relato, pero tambi�n goza de un reparto de actores en estado de gracia.

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No imagino un Sade mejor, m�s sutil y m�s ambiguo, que el interpretado por ese actor de genio que es Geoffrey Rush. La fusi�n entre actor y personaje es absoluta, hasta el punto de que es muy dif�cil imaginar al divino marqu�s sin el rostro del actor australiano. Sin caer jam�s en la autocomplacencia, sin el m�s m�nimo tic de actor, siempre a ras de suelo, el Sade de Rush es mezquino, brillante, manipulador, humanista, voraz, introvertido, provocador, sensible, divertido, locuaz, expresivo. Sin lugar a dudas, una de las interpretaciones de la carrera de este actor, y tiene muchas realmente soberbias. A su lado, no se ensombrecen, sino que le hacen brillar a�n m�s, la presencia luminosa de una Kate Winslet guap�sima, quiz� m�s sensual que nunca; de un Joaquin Phoenix que quiz� est� ante su papel menos fingido y m�s natural de todos, pues es un buen actor a menudo dado a darse facilidades a s� mismo; y un Michael Caine tan imperial como acostumbra, perfecto contrapunto a la presencia del marqu�s.

Ellos, y un grupo de secundarios sin la menor falla, dan vida al gui�n de Doug Wright basado en su propia pieza teatral. Y se trata de un gui�n en el que no existe ni una sola secuencia, ni un s�lo di�logo, pulido con precisi�n. Nada sobra y nada falta en esta peque�a joya de arquitectura dram�tica que ejecuta un crescendo dram�tico magn�fico, plagado de dobles sentidos y de ideas ingeniosas, cuando no malvadas (en la acepci�n m�s l�dica y placentera del t�rmino), hasta un cl�max inolvidable que te deja literalmente agotado, aunque deseando m�s, como en un orgasmo pleno de cine. Durante dos horas hemos asistido a la cr�nica de las pasiones humanas reprimidas, y de otras exacerbadas, y nos hemos sentido identificados con cada p�rdida, cada beso, cada mirada y cada sorpresa an�rquica. Es esta una de esas pel�culas silenciadas, por su relativo impacto en el imaginario cin�filo, que de vez en cuando merece la pena que alguien las rescate, porque se merecen mayor prestigio y mayor admiraci�n que otras muchas que eclipsan la producci�n de ese a�o en particular. Personalmente, siento un placer inmenso cada vez que la vuelvo a ver, algo que puedo decir de pocas pel�culas.

Conclusi�n a una pel�cula redonda

No solamente es muy dif�cil aburrirse con ‘Quills’ (�d, 2000), es que tambi�n es muy dif�cil no sentir la pasi�n del juego er�tico, la ambivalencia de los sentimientos, la eterna lucha de los artistas por ser ellos mismos le pese a quien le pese, la presi�n de una sociedad hip�crita y cruel que nada quiere entender m�s all� de su propia comodidad. ‘Quills’ es una pel�cula apasionante y llena de inteligencia, que gana m�s y m�s a medida que se aleja en el tiempo, y que en sus formidables im�genes contiene tanto una feroz visi�n del mundo, como una invitaci�n a estar m�s vivos que nunca, y de disfrutar el estar vivos.

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Source: http://www.blogdecine.com/criticas/quills-una-obra-mas-que-notable

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