lunes, 1 de agosto de 2011

Ingmar Bergman: 'Ciudad portuaria', la dificultad de ser mujer en la sociedad

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El grupo de peque�as pel�culas que conforma la etapa llamada “de aprendizaje” de Ingmar Bergman (1918-2007), que muchos seguidores de la obra bergmaniana (entre los que me incluyo) creemos que se cierra con la plenitud de ‘Un verano con M�nica’ (‘Sommaren med Monika’, 1953), es algo as� como una escalera invisble y no siempre hacia arriba o hacia adelante, aunque se establece desde los balbuceos de un gran director de teatro que parece no creer del todo en sus propias posibilidades f�lmicas, hasta la conquista de las propias herramientas narrativas, de un mundo propio, y el doblegar a sus contempor�neos a reconocer su capacidad creadora. ‘Ciudad portuaria’ (‘Hamnstad’, 1948) es una de las pel�culas m�s vistas de esa primera etapa, y no es casual en absoluto que la dirigiera en plena �poca de esplendor del Neorrealismo italiano, corriente cinematogr�fica a la que tanto debe este filme de Bergman, siendo un director tan abierto a las nuevas formas de expresi�n en todos sus �mbitos, antes de ser una corriente �l mismo.

Tambi�n, con el vistazo m�s superficial, nos damos cuenta de que los primeros Bergman est�n presididos por historias casi prohibidas, tr�gicas o imposibles entre un hombre (generalmente m�s maduro, aunque con un pasado tormentoso) y una mujer (muchas veces m�s joven e incapaz de enfrentarse al futuro. En esta ocasi�n, bas�ndose en la novela previa de Olle L�nsberg, que escribi� junto a Bergman la adaptaci�n (aunque en realidad Bergman se dedic� a pulir algunos elementos que no le agradaban, sin aportar nada realmente nuevo al texto. Pero aqu� tenemos el personaje femenino m�s completo y desgarrado de lo que llevamos de filmograf�a de Bergman, y a un grupo de personajes femeninos realmente convincente, que alterna entre lo grotesco y lo compasivo con gran habilidad, contrapunteadas por la presencia de ese hombre misterioso, rom�ntico y oscuro a un tiempo, que significar� una nueva vida para la solitaria y despreciada Berit.

De abortos, suicidios y feminismo

Berit, una mujer abandonada por el mundo, por los suyos y por la sociedad, decide quitarse la vida. El destino quiere, claro, que G�sta, probablemente el hombre m�s interesante y sensible que haya conocido jam�s, la salve de esa tentativa. Sin embargo, el buen G�sta se pasar� el resto de la pel�cula intentando salvarla de su tenebroso pasado sin autoestima, plagado de reformatorios y de fantasmas, y tratando de liberarse de sus propias ataduras morales, una vez m�s dentro de una sociedad hip�crita y despiadada que tiende a olvidarse y a despreciar a los m�s d�biles y fr�giles, al tiempo que les juzga severamente por sus equivocaciones y les empuja a plantearse seriamente su relaci�n. Es decir, dolor emocional extremo. De nuevo, una gran cr�tica social, y, de nuevo, una gran aventura rom�ntica. Pero da la impresi�n de que Bergman necesita de menos resortes teatrales, de un menor grado de �nfasis dram�tico, para explicar su visi�n del mundo y del sexo y de la familia. Y que cada vez el esfuerzo consciente se va transformando en una mayor contenci�n, seguridad en s� mismo, elegancia, sobriedad.

Y por primera vez aborda el problema de la femineidad en la sociedad europea de mediados de siglo (una constante gigantesca en su obra, que le convirti� en el, para muchos, referente inexcusable a la hora de hablar de la mujer en el cine), indagando con lucidez y sin caer en lugares comunes sobre temas tales com la libertad de elecci�n, sexual y vital, de una muchacha una vez que se adentra en la sociedad. Y otros temas mucho m�s peliagudos (si lo son ahora, imaginemos en aquella �poca) como el suicidio y su opci�n moral (el propio Bergman dijo varias veces que no le parec�a en nada objetable la idea de quitarse la vida cuando la vida es demasiado dolorosa), el amor libre, el aborto… Verdaderos jardines en los que Bergman comienza a meterse, sin olvidarse de criticar la figura paterna como gestadora de todos los complejos y las inseguridades de los j�venes (sin duda, como le ocurri� a �l mismo…), la responsabilidad de la familia para con las criaturas que se abren camino en un mundo gris y carente de comprensi�n emocional, o la eterna dificultad de una pareja de encontrar su sitio juntos en el mundo.

A lo largo de este estudio, es posible que el lector se canse un poco de los elogios que se le dedicar�n a la figura de Bergman como director de actores. Todav�a faltaba que esa maestr�a hacia los actores se tradujera en un todo indivisible respecto a la puesta en escena, el tema, la historia, el estilo… pero no deja de maravillarme la perfecci�n con la que actores como Nine-Christine J�nsson, Bengt Eklund, Mimi Nelson, Berta Hall o Birgitta Valberg encarnan sus papeles, llevados de la mano por Bergman con precisi�n majestuosa. Por achacar algo, podr�amos decir que el marcaje de los actores respecto a la direcci�n de fotograf�a todav�a resulta algo mec�nico, pero ya ser�a hilar muy fino. Los int�rpretes se convierten en sus personajes admirablemente, y Bergman convoca en sus rostros una tensi�n ps�quica que se revela en todo su esplendor en algunos primeros planos en verdad fabulosos, que contienen en pocos segundos, todo el pasado turbulento y todo el presente en el precipio de sus criaturas. En un a�o de obras maestras legendarias como ‘Ladr�n de bicicletas’ (‘Ladri di biciclette’) de Vittorio De Sica, ‘Fort Apache’ (�d) de John Ford, o ‘Carta de una desconocida’ (‘Letter from an Unknown Woman’) de Max Oph�ls, un joven sueco de 29 a�os segu�a trabajando incansable para convertirse en uno de los grandes en pocos a�os.

Conclusi�n

Obra menor, no es posible decir otra cosa, pero sumamente interesante de Bergman, una m�s. Abandonado completamente el melodrama, caminando poco a poco hacia un cine completamente personal (es decir, de autor), Bergman va perfeccionando el mismo relato una y otra vez: la pareja de enamorados erosionada por el pasado, la burgues�a, la hipocres�a, la sinraz�n. Mientras, al mismo tiempo, va cayendo en un amour fou por el cine, sin dejar de drigir constantemente obras de teatro, tanto cl�sicas como escritas por �l mismo. No estoy seguro de si quiero llegar a su primera obra de arte, o disfrutar m�s a�n de esta etapa de b�squeda, de hallazgo y de aprendizaje.

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Especial Ingmar Bergman en Blogdecine:



Source: http://www.blogdecine.com/criticas/ingmar-bergman-ciudad-portuaria-la-dificultad-de-ser-mujer-en-la-sociedad

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